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ZONA DE MIEDO (****)

Por Roberto Villarreal Sepúlveda.

La película comienza con un epígrafe del reportero de guerra Chris Hedges, sobre fondo negro, que indica: “el arrebato de la batalla es una adicción fuerte y letal porque la guerra es una droga”. Luego, la primera frase desaparece para que quede claramente expresada la razón de ser de este relato: “la guerra es una droga”. Inicia un prólogo donde vemos el trabajo de una compañía de soldados que se dedica a localizar y desactivar bombas en los barrios de Bagdad. Ocurre una situación fatal que dará lugar al ingreso de un nuevo elemento, el soldado James (Jeremy Renner, una especie de joven Jim Belushi pero menos tosco). Faltan 38 días para que termine la etapa de trabajo de este grupo y luego se rote con otros soldados. La película nos irá mostrando las experiencias que van viviendo, creando un suspenso constante, produciendo en el espectador lo que deseaba lograr la directora Bigelow (“que el público se sienta dentro de la acción, como si fuera un soldado más”). 

Lo excepcional reside en los tiempos de relación humana: ya sea en la ciudad destruida y vejada o en la aridez del desierto. No se podrá confiar en nada o en nadie. La vida estará siempre a punto de acabar y las reacciones de cada soldado serán distintas. El temerario James contrastará con el práctico y disciplinado Sanborn (Anthony Mackie) y el joven, asustado e impresionable Eldridge (Brian Geraghty). Los ataques en ciudad con bombas colocadas en autos, o dentro del cuerpo humano, o fuera del mismo con víctimas inocentes que han sido seleccionadas para morir por la causa, contra su voluntad. La película muestra: no juzga. Le deja la tarea al espectador. El pueblo iraquí tiene ambos partidos: los que luchan por su patria y libertad; los que son víctimas impotentes. Los soldados llevan a cabo su misión como máquinas que deben cumplirla sin mayor requerimiento que sobrevivir. Algunos detestan su destino: otro lo bendicen. La guerra es una droga. Hay quienes la convierten en su razón de vivir porque nada más vale la pena. 

Iraq es la guerra del momento. Ya vivimos algo semejante cuando llegó  “Pelotón” (Stone, 1986) y comentó sobre la guerra vietnamita; anteriormente fueron Corea (películas de Fuller, Frankenheimer y Mann, por ejemplo) o los acercamientos ingenuos y asépticos del Hollywood con su tratamiento de la Segunda Guerra Mundial, siempre polarizado, sobre todo después del triunfo. En todos los casos se nota la crueldad y las terribles consecuencias como resultado de la injusticia, la hegemonía de una nación y su ambición desmedida.

Estamos ante la gran película, hasta el momento, sobre la guerra en Iraq, partiendo del material humano con sus cualidades y defectos. No es posible continuar escribiendo sobre la cinta sin revelar la trama y su particular, gran interés. No queda más que establecer su inmensa calidad y su brillante, inteligente, equilibrado punto de vista. 

La película ha venido a impartir justicia en la persona de su realizadora Kathryn Bigelow. Ahora resulta que es talentosa y todo mundo la alaba cuando previamente no se le tomaba en serio. Su primera cinta, ya en solitario (había filmado una en conjunto con otro oscuro director) fue objeto de burla y rechazo como otra cinta de vampiros, cuando en realidad era un comentario social, casi perfecto, a través del género de terror (“Cuando cae la oscuridad”, 1987). Dos años más tarde, “Acero azul” mostraba a una mujer policía con todas las limitaciones producidas por rencores del pasado. En 1991, “Punto de quiebra” era considerada como un catálogo de modelitos en trajes entallados (Keanu Reeves y Patrick Swayze) para surfear cuando en realidad era un discurso existencialista que ponía a prueba la moral de un agente policiaco infiltrado entre una banda de ladrones. “Días extraños” (1995) su relato futurista, le dio taquilla y produjo interés por su juego con el uso de la memoria como mercancía compartida. Luego vinieron “El peso del agua” (2000) y “K-19: The Widowmaker” (2002) que fueron pasadas por alto por la supuesta crítica inteligente y culta. Todos estos pocos títulos (siete cintas en veinte años) dan idea de una mujer que cultiva al género de acción desde una perspectiva humanista. Pone a sus personajes en situaciones extremas, límites, para mostrar cómo las logra superar. Es una constante carrera de obstáculos cada vez más difíciles.

“Zona de miedo” (su título original es “The Hurt Locker”, que trato de traducir como “El casillero del dolor” para entender ese conjunto de heridas y desazones que vamos guardando dentro de nosotros) es una obra soberbia. Muestra de la calidad de una directora que finalmente llega a una valoración tardía (que sirva de pretexto para que Ud. amable lector(a) busque sus cintas anteriores y las vea con otros ojos). Brillante recreación de una guerra absurda e injusta, convenenciera y criminal, que nos hace pensar que estamos ahí, que hemos vivido esas situaciones, que nos obliga a compadecer a sus víctimas, que nos hace amar mucho más al cine que es popular (sin insultar al espectador) pero nos revela tantas emociones que llevamos ocultas.

¡Extraordinaria!

(The Hurt Locker; E.U., 2008). Director: Kathryn Bigelow. Guión: Kathryn Bigelow, Mark Boal. Actores: Ralph Fiennes, Guy Pearce, Jeremy Renner, Brian Geraghty, Anthony Mackie. Género: Drama. Duración: / min.

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